Soy el personaje de una novela que saldrá a la venta en septiembre. Hasta entonces viviré un rato aquí.

martes, 3 de julio de 2007

Seguí escribiendo

O quizás debería decir: seguí meciendo la mano sobre el papel. Pero al poco me olí la absurdidad: no se escribe para uno mismo. ¿Adónde quería ir? Respuesta: a ninguna parte. Entonces ordené quietud a mi mano. Pero volvió a la carga sin mi permiso. Sobre la primera superficie que encontraba plantaba sus notas para un concierto silencioso. Otra vez, era evidente, lo que había escrito no era nada, no significaba nada… y ahí estaba el dicho de los nadadores: de la nada, nada sale. Había llegado la hora de leer (a ver si de la lectura, lectura acabaría saliendo…), y esa hora duró años, aún sigue durando y, lo más interesante, trajo consigo la maravilla de pensar.
Por primera vez en su vida de adolescente-coliflor (pronúnciese en catalán), Nadila pensó, y se dio cuenta de que no tenía por qué ir escribiendo por todas partes lo que se le antojara. Era mucho más relajado ir con las manos en el bolsillo, silbando y mirando, pero bien mirando, de frente y no cabizbaja y, sobre todo, pensando
pensando pensando seguí pensando

1 comentario:

Ellen´L dijo...

Esa escritura a trompicones tan "difícil" de leer ( pongo dilícil entre comillas, porque no lo es para los que leemos más allá de lo propiamente escrito...) es lo que nos tiene embelesados a Leo y a mí, y alguno más seguro...