Soy el personaje de una novela que saldrá a la venta en septiembre. Hasta entonces viviré un rato aquí.

miércoles, 23 de julio de 2008

News!

La novela está publicada. A la venta el 19 de septiembre.
A estas alturas Soy una caja ya está dentro de cajas, dentro de naves almacenadoras de Random House Mondadori en Barcelona. Luego viajará en camiones por carreteras gracias a los currantes del volante, llegará a otros almacenes de diferentes puntos de la península y no sé si a Canarias también, ni cómo, con el mozo hasta el gorro de cajas dando órdenes a los transportistas de furgonetas subcontratados, con sus rutas fijas a no ser que haya atasco, pasando por el máximo número de librerías que haya tenido la gentileza de pedir Soy una caja cuando les fue presentado por el correspondiente comercial. Y entonces habrá llegado septiembre, entorno al 19, y algún buen librero me pondrá en su escaparate, mis cuatro amigos pedirán el libro y lo recomendarán a sus cuatro amigos y yo me sentiré halagada pero intentaré seguir pisando tierra firme y recordando que con un simple guantazo de viento todo puede irse por los aires pero que aun así a menudo lo importante se reduce a seguir creyendo en hacer las cosas bien, sin antes haber perdido el frágil norte del porqué hacerlas y por qué, además, bien, y todo eso al menos a mí siempre me cuesta mucho.
¿Qué se siente? Alguien me ha dicho que la novela Soy una caja ya está fuera, ya no eres tú. Es cierto. Lo ajeno es la novela que he protagonizado, ese teatro, esa ficción, ese soplo de polvo mágico que tan pronto cobra la forma de castillo de naipes como de profunda e instantánea emoción sincera que como por casualidad llega a conectar, o no, con el lector. Es lo ya hecho, lo realizado, lo que me he currado porque lo he vivido, y voilà, poco más. Pero yo sola no hubiera podido estar ahí todo el rato, bien peinadita, bien histérica, bien triste cuando tocaba y bien ingenua cuando tocaba, escribiendo y recortando y rompiendo y brincando entre las letras… todo eso no hubiera sido posible sin las personas que siempre me han apoyado, sobre cuyos hombros he llorado y en cuyas espaldas he querido imprimir mis puños de boxeadora que sólo les hacía cosquillas.
Sin el editor con su mirada panorámica capaz de detectar esa molécula literaria que justo faltaba para seguir adelante con la construcción intuitiva de la literatura, sin sus lectores y lectoras algunos de los cuales ejercen de críticos, de profesores de letras, o simplemente de resistentes, sin la editorial que además de pagar a precio de oro bestsellers debería pagar también a precio verdadero ese buen criterio, sin los correctores, diseñadores, directores de producción que cuando creen en lo que hacen se ganan su sueldo y algo más y, de nuevo, sin los comerciales ni transportistas, algunos de los cuales conocí cuando trabajé al otro lado del mostrador de la venta de libros, sin todo ese engranaje no hay libro ni novela ni frase ni letra que, además de estar publicada, tenga al menos la elaborada posibilidad de llegar adonde parecía que quería llegar. Muchas gracias.
Ahora es el turno de los libreros y de los lectores.

Aquí estoy con algunos hermanos de colección.

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